En el sur de Perú

De vez en cuando, yo pienso en nuestro viaje en América del Sur que empezó en Perú y añorando los momentos que pasé ahí, como en cada viaje que hice. Ese día cuando estabamos en el camino para acudir al aeropuerto ya sabíamos que era el momento de vivir otra aventura.

Después de un largo vuelo, llegamos a Lima en la noche, era más o menos la una de la mañana y hacía frío, antes de irnos al hospedaje situado en el centro para dormir debíamos encontrar nuestro coche, un coche automático, la primera vez que iba a manejar este tipo de coche, en el camino hasta el centro, vimos muchos patrullas de policía, aunque ya sabíamos que la ciudad era peligrosa estabamos sorprendidos de ver tantos carros de policía ahí, además delante de cada casa habían portales, portales grandes como para encerrarse… Por fin, llegamos al hospedaje que también tenía una trampa en la puerta que solo dejaba sacar los ojos para ver quien estaba antes de abrirla.

Al día siguiente nos levantamos temprano aunque fuimos a la cama muy tarde la noche anterior o muy temprano en la mañana, depende de como lo vean. Debíamos caminar a través de la ciudad con un clima lluvioso y un poco de frío antes de volver al camino hasta el desierto de Ica.

En el camino, Sylvinho estaba manejando y de repente vimos las luces de la policía siguiéndonos en el retrovisor antes de pedirnos de parar el coche al lado, primero me pregúntaron de donde eramos y adonde estabamos acudiendo antes de decir que Sylvinho no había puesto su luz intermitente para pararse al lado, cosa que era falsa. Mas para ser más claro me dijo que no importaba, que podían hacer una multa y que pagaba aquí o directamente en Lima… Les dije que no teníamos tanto dinero con nosotros y me respondió que lo que teníamos sería suficiente aunque les dí la mitad de lo que querían…

En el camino cerca de Ica empezamos a ver los distintos climas de América del Sur, o sea pasamos del clima frío y gris de la ciudad de Lima al clima más caliente, con mucho sol y la arena rodeaba Ica, y eso en sólo cinco horas.

Por fin, llegamos al desierto de Ica antes de la puesta del sol, pero para disfrutarla debíamos alcanzar la cima de la duna, entonces, nos apuramos de subir por la arena con nuestras sneakers, sneakers que tuvimos que vaciar de arena en el hostal… Pero de verdad, la puesta del sol valió la pena, y para ser honesto no sabía que había un desierto en Perú antes de ver lo de Ica…

Al día siguiente planeamos de hacer buggy y snowboard en el desierto, un momento genial sobretodo que nunca había hecho snowboard, mi primera bajada de la duna me caí, la segunda no pero la chica que había bajado antes de mí se cayó y se fracturó la muñeca, pero la pasé bien, a mí me gustan estes tipos de sensaciones.

Antes de retomar el coche, tomamos un último desayuno en Ica, y el camarero vio mi mochila con las bandejas y se quedó sorprendido, por esta razón me suiguió afuera gritando « ¡Amigo! » para darme la bandeja de su país. Eso es algo que me puso muy feliz, es parte de cosas que me llama la atención y que no puedo olvidar… Tras, subí al coche con mucha energía.

De vuelto al camino pero esta vez a Cangallo, todavía lejos de Cusco. La ruta del día debía pasar a través de la sierra de los Andes, una ruta que sería más larga, ocho horas al inicio que se convertieron en diez al final, pero lo disfrutamos mucho porque la sierra con sus llamas de cada lado es muy distinta e impresionante, sobretodo que una vez más cambiamos de clima, dejamos el calor de Ica para la nieve de los Andes a cuatro mil ochenta metros de altura, de hecho en las altura solíamos masticar unas hojas de coca porque según los habitantes locales eso funciona, de verdad no tuvimos ningún problema con la altura… En los Andes cambiamos siempre de altura, teníamos botellas de agua, y cuando las botellas se inflaban estabamos subiendo, cuando se desinflaban estabamos bajando.

El trayecto hasta Cangallo nos ha tomado más tiempo que al inicio porque debíamos pasar por una ruta en el bosque, veíamos que el camino era difícil con coche aunque nos desenvolvíamos bien, pero, cuando vimos una rampa para cruzar el río con coche, supimos que teníamos que cambiar de ruta…

Llegamos a Cangallo en la noche y cansados. Teniamos sólo una idea en cabeza: dormir. Pero el día siguiente nos despertamos temprano, de hecho como todos los días, desayunamos algo muy rico (eso también como todos los días) mirando los resultados de los juegos suramericanos y pasamos un momento de charlar y reir con nuestros anfitriones, Juan Hernan y su familia, una familia muy sociable con quienes creamos enlaces rápidamente, dí un brazalete a su hija, nos tomamos fotos juntos. Después fuimos a caminar a través el pueblito, me gustó mucho el paísaje y el ambiante, la calles eran pequeñas y habían mujeres sentadas alrededor de mesas bebiendo café o mate y vendiendo granos, plantas o cereales. Entonces con la energía que nos transmitieron las calles despreocupadas y nuestros anfitriones con sus desayunos tan rico volvimos con mucha motivación al camino para un día que se anunciaba una vez más largo.

La primera parada: Las aguas azules, un lugar más turístico, aún más en la región de Ayacucho. Este lugar es hermoso, muy hermoso, el problema es que hay una cantidad enorme de turistas… no podíamos acercarnos del río sin pasar por un montón de gente. Pero una vez más las carreteras rodeadas de montañas donde la gente manejaban como si tuvieran nada que perder eran muy chevere y como el último día llegamos al albergue tarde, como a la una de la mañana…

Dormimos poco, como siempre, pero dormimos bien, teníamos muchas ganas de retomar la ruta porque era el último camino antes de la parada final… Porque era el último manejando tanto, nos paramos muchas veces tan pronto que veíamos algo que nos llamaba la atención, que era un mirador, un puente o un río…

Llegamos a Cusco al inicio de la cena, de esta manera después de haber cruzado algunos pueblos, volvimos a una ciudad grande desde Lima, aunque Cusco es muy distinto de Lima, es una ciudad con muchas calles pequeñitas hechas de adoquines y muy animadas. El primero día, para cenar fuimos en un restaurante un poco más lujoso que los demás donde fuimos en el camino, además la camarera era francesa aunque me avisó de eso después de haberme dejado hablar en español por algunos minutos… Lo que es curioso es que me puse enfermo después de comer en este restaurante que como he dicho antes era « lujoso ». En Cusco el clima era suave en el día, pero cuando la noche llegó se volvió muy frío, afortunamente para dormir teníamos muchas mantas, o frazadas como se dice en México.

El día siguiente, que también fue el primero día para descubrir la región, fuimos a ver Las Salinas, un lugar excepcional, increíble, unas salinas gigante rodeadas por la sierra, nos gustó muchísimo el sitio aunque ahí también hay tanta gente que es difícil de disfrutar de manera tranquila más de dos minutos… Pero porque teníamos un coche, podimos quedarnos allí el tiempo que queríamos, entonces esperamos un poco, y aprovechamos que el bus se fue para disfrutar un poco más del sitio.

Antes de irnos al sitio de las ruinas de Marras y Morray, nos paramos para comer, es allí que noté que todas las botellas de agua tenían la marca « Coca Cola », y más tarde noté que también las botellas de jugos lo tenían… Creo que Coca Cola esta demasiada presente en América del Sur, ¿Verdad?

Nos gustó el sitio de las ruinas de Marras y Morray porque a nosotros nos encanta la historia sobre la civilización de los Incas, también en el camino grabé algo que aún hoy miro todas las semanas, una video de la carretera polvorienta con plantas secas y cactus de cada lado, entonces un ambiente que podemos describir como seco pero al fondo estaba la sierra con nieve en su cima, el contraste de estos dos planos daba al paisaje un encanto increíble (un video que pueden ver en mi cuenta instagram).

Apenas dos días en Cusco y tomamos el tren hasta Aguas Calientes para descubrir una de las siete maravillas del mundo, lo tomamos a las cinco creo y de verdad lo disfrutamos bien por los paisajes que vimos y también por el jugo de manzana una vez más con la marca « Coca Cola » que bebí.

Cinco horas después llegamos a Aguas Calientes, que es un pueblito pero donde hay muchísima gente, todos allí para ver lo que Sylvinho y yo queríamos ver… Pero primero descansamos un poco aunque era difícil porque nuestra habitación estaba muy cerca de los railes del tren, es decir que cuando había un tren pasando por allí no solo lo escuchabamos sino también sentíamos los paredes moverse.

La razón por la que estamos en Aguas Calientes había llegado. Tomamos un bus hasta la ruinas de Machu Pichu, un sueño para Sylvinho de visitar el sitio, pero yo me fije de la inmensidad y del lado extraordinario que tiene este lugar cuando llegué y cuando estaba descubriéndolo poco a poco, lo más gracioso es que se dice que no han descubrido todo el sitio, que falta una parte escondida por los arboles de la selva, increíble.

A mediodía empezamos a subir a la cima de la montaña Machu Pichu, algo que me parecía fácil, hay una altura alta pero casi sólo son escaleras, aunque había una serpiente que me parecía agresiva en la derecha. La vista desde el mirador es hermosa, no solo por la vista en el sitio sino también por las otras montañas alrededor, pero creo que sería mejor más temprano con un poco de neblina…

De hecho aunque es un lugar turistico, la ruinas del Machu Pichu son un sitio a ver al menos una vez en su vida, el camino vale muchísimo la pena para disfrutar y aprender cosas sobre los Incas.

Decidimos de volver a pies, caminamos a través de la selva con el objetivo de descubrir los restos de las ruinas bien escondidas y todavía desconocidas… no, sólo queríamos disfrutar un poco más de la selva antes de volvernos a Cusco.

La vuelta en el tren no sé porque pero a mí me pareció largo y no podía dormir al contrario de Sylvinho, tenía sólo una cosa en cabeza: Llegar al hospedaje y dormir antes de entrarle a otro día.

Nos quedamos tres días más en Cusco para descubrir la ciudad más en profundidad, caminar en Cusco es distinto de caminar a través la selva o la sierra las cuales quiero tanto pero aveces dejar un poco la adrenalina de las expediciones esta bien para descansar. Sylvinho quería probar el « Cuy », un plato con conejillo de Indias, algo que a nosotros nos gustó aunque yo soy más un fan del ceviche y que una amiga mía me ha dicho que la mejor comida de su país está en el norte… Aunque es una ciudad turística hay un lado auténtico en Cusco que me encantó, los mercados, los colores, la calles pequeñitas donde hay siempre algo a ver…

Delante de la entrada del mercado, habían niños jugando al fútbol, de repente uno me pasó la pelota, empecé a jugar con ellos, y cuando por fin perdí el balón les dije que tenía que seguir mi camino, me preguntaron si volvería pero cuando volví después de una hora ya se habían ido.

Porque nos quedamos en un hospedaje arriba de la ciudad, en una calle pequeñna no ancha, toda hecha de adoquines como casi toda la ciudad, fue difícil de manejar por allí con nuestro coche, debíamos tomar impulso cada veces que queríamos subir la pendiente, cuando hemos visto la dificultad con la cual estabamos intentando de subir nos dimos cuenta de la proeza que hice el primer día con dos personas más en el asiento trasero…

El Perú fue nuestro primer país suramericano, descubrimos una vez más una cultura totalmente distinta, paisajes tan hermosos, difficiles y peligrosos pero ya era el momento de tomar un avión esa vez hasta Guayaquil en Ecuador donde debíamos pasar más tiempo en la selva y subir al volcán más alto en actividad del mundo, tendré que volver, al menos para probar la comida del norte pero también al sur para experimentar la famosa Madre de Díos y otros lugares protegidos por la Pachamama. ¡Nos volveramos a ver Perú!

Gracias por leerme.

Lucas.

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Publié par Lucas

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