Al fin de diciembre, Sylvinho y yo salimos para nuestro primer país africano, una isla que se llama Cabo Verde, en mi caso, sólo viajé con una mochilata de cinco litros… Pero antes estuvimos dos días en Lisboa, Portugal, nuestro paso en Lisboa fue corto, sólo paseamos por la ciudad en monopatín eléctrico, muy chevere sobretodo porque desde ese día yo no quiero salir en coche sino en monopatín. Además era navidad, y por eso las luces eran muy impresionantes con un ambiente caluroso.

LLegamos en la noche, en Francia en diciembre es invierno entonces el tiempo es muy muy frio, pero llegamos a Santiago con mucho calor y lejo de las demás islas turísticas, debéis saber que era la primera vez para nosotros que estabamos con tanto calor en diciembre.
Por fin, tomé el Kangoo y fuimos rumbo a la casa donde debíamos quedarnos. La casa se situaba en una plantación de caña de azúcar en un pueblo que se llama « Cidade Velha » en portugues, o simplemente « Sidadi » en criollo y « Ciudad Vieja » en español, una ciudad de paz y de calor humano donde habría habido muchos esclavos pasando por aquí, además hoy está inscrita en la lista del patrimonio mundial del Unesco.
El primero día, era temprano pero ya estabamos de camino para descubrir la isla, los caminos nos direron una muy buena primera impresión, eran muy chido, pero yo debía cuidar a los animales que estaban acostumbrados a cruzar las rutas en cualquier momento… Sin embargo, antes de poder descubrir la isla más en profundidad debíamos salir de nuestra casa, y en ese momento entendímos la razón por cual el coche estaba moviéndose tanto la noche anterior, para entrar o salir de la casa debíamos pasar por un camino que de hecho es un viejo río, con grandes piedras pero por supuesto sin agua, aunque era gracioso pasar por allí también era difícil porque aveces el coche resbalaba sobretodo que el camino no era ancho, entonces después de cinco días debimos volver a inflar los neumáticos.


También ese día Sylvidinho quería ir a ver unas escaleras coloreadas, entonces estabamos buscándolas sin poder encontrarlas, hasta el momento que en un mirador, mirando la vista de repente he visto el reflejo de las escaleras en una ventana, entonces dije a Sylvinho: « Ok, ya sé donde están las escaleras. » Eran menos hermosas que lo que pensabamos pero cumplimos nuestro objetivo.

Al fin del día fuimos a la playa abajo de nuestra casita para ver la puesta del sol, allí habían chicos practicando musculación, me preguntaron para unirme a ellos, no podía declinar… No solo hemos practicado deporte sino también hemos hablado mucho, la pasamos muy bien es por esta razón que quedamos vernos otro día para un partido de fútbol.

Pero antes debíamos descubrir los pueblos de la isla, los pueblitos con mucho color de las casas hasta los botes o piraguas como Gwada, recuerdo uno que según lo que vimos parecía más o menos indígena, aunque los perros no son tímidos porque de hecho había un perrito que estaba siguiéndome para intentar hacer pipí en mi pierna.
En otro pueblito, recíen llegabamos y la gente ya estaba saludándonos, al otro lado del lugar, habían chicos bailando en sonidos criollo, en la playa en el medio de unos niños un esqueleto de tiburón que según lo que sé era un tiburón nodriza, más arriba en el pueblito un cerdo estaba haciendo su vida en la calles donde las mujeres estaban charlando.


Ultima parada de ese día, una vez más en un pueblito, habían chicos jugando fútbol, jugaban bien, uno nos pidió unirnos a ellos, un ambiente muy deportista, hasta el momento donde un chico golpeó a otro, eso no lo habíamos sentido venir porque hablaban criollo y no entendimos nada… Tras un rato todos se calmaron y volvieron al partido mientras que Sylvinho y yo decíamos adiós para seguir rumbo a nuestra casa. Aunque vimos bien que en este pueblito no habían muchos turistos que pasaron por allí, los chicos eran muy hospitalarios con nosotros.
Volvimos a ver a los chicos de Cidade Velha para un partido de fútbol en la playa, era muy físico de jugar en la arena, mas a mí me gusta ese tipo de partido, además me pareció que había uno de los jugadores del equipo rival que estaba borracho… Siempre se caía sin que lo tocaba y podía sentir el alcohol salir de su boca… Tras el partido Ivandro me pidió hacer una carrera en el mar, entonces nos desembocamos en el agua hasta un peñasco donde nos quedamos un rato a charlar nosotros tres y disfrutando una vez más de la puesta del sol.

Como lo sabéis (o no) a Sylvinho y a mí nos preocupa el cambio climático, y por esta razón tengo buenos contactos con una ONG que radica en Australia que se llama « Adventure bag crew », su misión es de recoger los residuos en todo el mundo, y en todo tipo de lugar, que puede ser la selva o la playa. Nosotros nos planteamos contribuir con eso en la isla.
Entonces un día Sylvinho y yo eligimos una playa que era una de las más sucias de la isla, después de haber aparcado el coche bajamos por la playa, allí habían niños con sus padres jugando en la derecha, decidimos empezar la recogida en la izquierda, después de un rato, los niños vinieron a ayudarnos, les dí algunas bolsas de basura, ahora no eramos dos sino un grupo de siete… Ellos nos han traído tan energía… Por fin recogimos seiscientos litros cargados de residuos, los padres curiosos vinieron a preguntarnos sobre el movimiento, estaban soprendidos y muy felices cuando supieron que hicimos algo por el cambio climático y que por eso elegimos sus playa. Una enseñanza recién ocurrido.

Lo que a mí me gustó de eso es que no solo es un movimiento sino también una corriente que arrastra gente de todos lados del mundo y que permite sacar a la luz un problema mundial que es la salud de nuestra planeta. Además de recoger residuos hay una enseñanza que se hace de forma natural, eso lo llamaré una lección de vida. De hecho, no teníamos la impresión de malgastar nuestro tiempo haciendo eso. Ahora estoy añorando ese momento.

Al fin del viaje, estabamos manejando el kangoo a través de la isla, de repente en la izquierda vimos una playa que nos llamó la atención, decidimos aparcar el coche donde no podía molestar nadie, lejos del camino… cruzando plantas altas hasta la playa donde nos quedamos más o menos cinco minutos antes de volvernos al coche. Fuimos sorprendidos cuando vimos dos agentes de policía alrededor de nuestro carro…
-« ¿De dónde soís? » me preguntaron. -« De Francia. ¿Qué pasa? » contesté. -« No podéis aparcar vuestro coche en la izquierda, sólo podéis en el otro lado. » -« Pero esto es un espacio para aparcar un coche, y no hay lugar para apárcarlo en la derecha… » respondí -« No importa, tenéis que pagar una multa. »
De hecho había otra gente pero sus atenciones sólo estaban focalizadas en nosotros… tuvimos que pagar una multa muy alta, un amiga nuestra nos ha dicho que multas así no existen en su país normalmente.
Con eso quiero decir que en estos momentos de alzamientos, de cólera, es importante que no olvidéis que el racismo no sólo es un problema de etnia negra, no importa su color de piel, su país natal, el racismo puede tocar cualquiera, el enemigo no es la policía, tampoco no son los negros contra los blancos, el enemigo es la ignorancia, el miedo.
Pasamos tan buenos momentos allá, sobretodo en Cidade Velha, un pueblo donde nadie juzga a nadie y donde sentimos que las relaciones humanas son importantes. ¡gracias por todo Cabo Verde!
Gracias por leerme.
Lucas.